Para escapar del calor y olvidar la guerra, los habitantes de Kiev buscan refugio en la playa
Entre el bullicio de risas, la cabeza de alguien aparece y desaparece entre las oscuras aguas del río Dniéper, en Kiev, el día más caluroso del año. Un socorrista se lanza al agua y lo rescata, mientras que los otros bañistas apenas se enteran.
Esta vez se trata de una demostración del Servicio Estatal de Emergencias de Ucrania para concienciar sobre los riesgos de ahogamiento, en un momento en que los ucranianos acuden a las playas urbanas para aliviar las altas temperaturas.
Los termómetros podrían alcanzar los 38 ºC en Ucrania esta semana, a medida que la ola de calor europea avanza hacia el este y afecta a la mitad occidental del país, devastado por la guerra.
"Ahora hace muchísimo calor en Ucrania. La gente intenta relajarse junto al agua, pero la cuestión es si lo hace de forma segura", declara a los periodistas Pavlo Petrov, portavoz de los servicios de emergencia.
En junio, 123 personas murieron ahogadas en toda Ucrania, entre ellas diez en Kiev. Sin embargo, para quienes acuden a las playas de la capital, el agua no es el único peligro.
Las autoridades pidieron reiteradamente a la población que las eviten, ya que son espacios abiertos sin protección frente a los bombardeos aéreos rusos. A principios de este mes, varios misiles fueron interceptados sobre la ciudad a plena luz del día.
Pero, acostumbrados a las alertas antiaéreas, muchos habitantes de la capital intentan continuar con su vida cotidiana y se niegan -o simplemente no pueden- refugiarse bajo tierra varias veces al día cada vez que suenan las sirenas.
La semana pasada, una mujer de 26 años murió tras ser alcanzada por fragmentos de un dron en una playa de Odesa, una ciudad portuaria del mar Negro.
En un video muy compartido en internet, aparecen equipos de rescate intentando desesperadamente reanimarla. La mujer, con el cuerpo ensangrentado y sin moverse, todavía lleva el traje de baño puesto.
- Completamente expuestas -
El soldado Ivan Pyrtsu, que disfruta de un inusual permiso, vigila atentamente a sus tres hijas mientras se zambullen en el agua para refrescarse.
"Hace mucho calor en el apartamento. Si tienes la oportunidad de venir a la playa y relajarte, el agua ayuda", declara a la AFP.
No hay refugios a la vista ni lugares donde protegerse. Los árboles de la ribera ofrecen poca defensa frente a un dron cargado de explosivos.
Pero Pyrtsu, que reconoce no llevar un botiquín de primeros auxilios, resta importancia al riesgo de un ataque. "Esperemos que no ocurra nada. La experiencia demuestra que los ataques durante el día son bastante poco frecuentes", destaca.
Aunque eso era cierto hasta hace poco, la situación empezó a cambiar.
Este año, Rusia intensificó sus ataques diurnos, lanzando cientos de drones en varias oleadas contra grandes ciudades, entre ellas Kiev y Leópolis.
"Toda esta zona está completamente expuesta. Si algo viniera volando hacia la playa, lo único que realmente podrías hacer sería observar de dónde viene y hacia dónde se dirige, para tener una idea de hacia qué lado moverte", explica Pyrtsu.
Tras más de cuatro años de guerra y miles de civiles muertos, el soldado considera importante, aunque solo sea por una tarde, pensar en otra cosa. "Si todo el mundo vive en tensión todo el tiempo, eso tampoco es bueno".
La guerra constituye un telón de fondo imposible de ignorar, aunque los habitantes parezcan no prestarle atención.
En el agua, unos adolescentes forcejean por un colchón inflable, del tipo que muchos utilizan para dormir en las estaciones de metro convertidas en refugios durante los bombardeos nocturnos de Rusia.
En la orilla opuesta, unos enormes murales rinden homenaje a las brigadas ucranianas que combaten en el frente.
- "En manos de Dios" -
Mientras se seca con una toalla, Mariana Tsymbalenko, una profesora de idiomas de 39 años, cuenta que prefiere ir al río antes que usar el aire acondicionado en casa.
En algunas zonas de Ucrania se impusieron cortes temporales de electricidad, ya que la red energética, dañada por los ataques rusos, está cediendo ante el aumento de la demanda provocado por la ola de calor.
Hace apenas cuatro meses, los habitantes de Kiev hacían todo lo posible por mantenerse abrigados mientras las temperaturas descendían hasta los 20 ºC bajo cero y la calefacción y el suministro eléctrico permanecían interrumpidos durante días.
Tsymbalenko afronta con resignación la posibilidad de que se produzca un ataque mientras toma el sol. "Todos estamos en manos de Dios", comenta.
Tras haber huido hace apenas seis semanas de la ciudad de Kramatorsk, en el este del país, sometida a una intensa presión de las fuerzas rusas, la docente asegura que no le preocupa la ola de calor. "El calor sofocante no es realmente un problema. Prefiero tener esto antes que una guerra".
D.Ferrer--HdM